SALLY ROUSSÓ: ¿EL FUTURO ES MUJER?

Esta mañana despierto llena de miedo, una sensación de vacío se mezcla con una enorme presión en el pecho, algo que avanza por mi cuello y sale en forma de lagrimas que intento contener, es el 2017, hablamos de liberación femenina, todas usamos camisetas que cantan “girl power”, “girl gang”, “el futuro es mujer”… pero hoy ni las mujeres tienen en poder, ni parecen ser el futuro, hoy despertamos con el dolor de perder a una más, una más de las 5 mujeres que son violentamente asesinadas cada día sólo porque son mujeres, hoy despertamos con las redes en ebullición ¿será que convertimos a las muertas en mártires y se hizo conciencia al fin?

Hoy despierto con un ímpetu casi insostenible que pide proclamarme en contra de esta indignante situación, quiero escribir el más largo status denunciando lo que pasó, lo que ha pasado y sigue pasando, pero me pregunto ¿es eso suficiente? ¿basta con letras virtuales y condolencias? Yo creo que no, al menos no para mi, yo quiero actuar, quiero hacer algo más, pero el miedo me paraliza y la impotencia me bloquea y es ahí donde descubro el agobiante tamaño del problema, y aunque desempolvar a Simone de Beauvoir, dar retweet a las noticias sobre Mara, y hacer una declaración en facebook son el primer paso para empezar a hacer que las cosas sucedan, no puedo permitirme dejarlo sólo ahí.

Pero ¿qué hacer? Qué hacer cuando vivo en un mundo donde usar una falda corta, salir sola de noche, pintar mis labios de rojo y vivirme libremente son sinónimo de muerte, muerte por ser mujer, muerte porque soy el sexo débil, muerte porque salgo de fiesta sin un hombre a mi lado, muerte porque camino por la calle con jeans ajustados, muerte porque aún no hemos entendido que el género no define, que todos somos humanos, entes maravillosos que merecen igual respeto, porque lo nefasto y la mierda no han salido de nuestro sistema machista-fascista y queremos pensar que basta con hablar de empoderamiento femenino en nuestros medios, llevar la palabra feminista a las editoriales de moda y jugar a ser políticamente correctos dentro de la simulación virtual.

Y no, este no es un escrito inmaculado con el plan de acción perfecto, porque ¿quién soy yo para decirles lo que debemos hacer? y porque ciertamente no sé qué hacer, tengo miedo de mis palabras, de mis acciones, de dormir con la luz apagada, de levantarme todos los días y decidir lo que vestiré en función de los peligros de mi país, tengo miedo de ir cada mañana a trabajar, tengo

miedo de volver a casa por las tardes, tengo miedo de sentir ganas de tomar un paseo en las noches, siento miedo de tener que esconder mi sexualidad porque debo cuidarme de no ser asesinada hoy.

Y sí, probablemente este sea otro texto inútil que dijo lo que todos ya sabemos pero intencionalmente olvidamos por miedo o porque es más cómodo fingir; siendo franca no hay intención detrás de esto, sólo desperté con una profunda tristeza, tristeza que siempre me ha hecho escribir para sanar.

¿Esto sanará escribiendo? Seguramente no, pero el arte es la única vía que conozco para hacerlo pasar. ¿Qué sigue? No lo sé, sigue que continuemos dando retweet, sigue que salgamos a la calle a tomar iniciativas como la de Sofía Weidner, sigue unirnos más, hacer grupos de mujeres, echar mano de la tecnología para mantenernos a salvo, siempre decirle a alguien dónde estamos -aunque duela y aunque no deba ser así- sigue hablar desde el corazón y no sólo desde la tendencia, sigue tomar en serio nuestro papel de periodista, de artista, de medio cultural, de ciudadano, de mujer, de hombre, de ser humano y hablar sólo de aquello que realmente vamos a defender y no sólo jugar a ser incluyente y moderno porque en nuestro about nos vendemos feministas o porque una camiseta en nuestro clóset lo dice.