BIOMIMÉTICA: LA APROPIACIÓN HUMANA DE LA ESTÉTICA NATURAL

Según Aristóteles, la Mímesis, es un concepto estético con el que se denomina la imitación de la naturaleza como fin esencial del arte. Un sentido en el que imitar el mundo físico no es sólo copiarlo, sino adaptar y completar el entorno en el que vivimos, trabajando mano a mano con el talento y el poder imaginativo.

Como desglose de la Mímesis, la Biomimética es una de las ramas de la ciencia que pueden desarrollar este principio filosófico, al buscar soluciones que se inspiran en la tecnología de la naturaleza la cual existe y sobrevive desde hace millones de años, imitando sus fascinantes estructuras y complejidades para adaptarlas a la sostenibilidad socio-económica; mediante el fundamento de que la naturaleza es el único modelo que perdura y evoluciona por su perfección.

En la moda y el diseño, la Biomimética, es parte fundamental de este ciclo donde funcionalidad, calidad y conciencia son ejes principales que mueven, hacia un cambio positivo ambiental y social, a estas industrias; al crear mediante procesos bioquímicos textiles y materiales inteligentes que imitan propiedades naturales como la capacidad de repeler el agua de algunas plantas e insectos,  la fuerza molecular de la tela de araña que se sintetiza para crear fibras cinco veces más fuertes que el acero y más elásticas que el nylon o el súper poder de auto-limpieza de la flor de loto  reduciendo el uso del agua, con lo que también aumenta el tiempo de vida de la prenda.

Sin embargo, la imitación de las estructuras naturales, no sólo se limita al concepto mecánico, si no que, retoma a Aristotéles sobre la Mímesis; la interpretación que realiza el hombre sobre la arquitectura biológica, toma las formas y siluetas de ésta llevándolas hacía una apropiación artística y casi filosófica mediante el diseño; como aquella memorable colección de SS 2010 de Alexander McQueen donde siluetas y estampados proponían híbridos post-apocalípticos inspirados en pieles de insectos, reptiles y animales marinos o los diseños de la holandesa Iris Van Herpen, que mezclan siempre nano y biotecnología en vestidos con siluetas orgánicas y de perfecta geometría molecular.

Como entes creativos y resultado del sistema de perfección orgánica, es de esperarse que la mejor guía sea la naturaleza; al no existir ingeniería más hermosa que ella, las soluciones que el hombre busca en el entorno no serían posibles sin los absolutamente exactos patrones de diseño bajo los que se rige la naturaleza.